El aula como hipertexto CUESTIONES PSICOPEDAGÓGICAS

                       

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                                               UNA CUESTIÓN  EXTREMADAMENTE CALIENTE: 

 

Cada vez se lee menos y no sólo en los coles ¿qué está pasando?

 

Sencillamente - y lo que sostengo es una hipótesis más que razonable - que el lector textual de nuestra cultura alfabetizada está siendo sustituido lenta e inexorablemente por un nuevo  lector hipertextual e interactivo. Como suena.

                    ¿Qué rasgos caracterizan a este nuevo lector?

  En primer lugar, se trata de un lector que lee a base de vistazos rápidos.  Posiblemente, antes de que comenzara a hablar y desde luego antes  de que comenzara a leer  ya había aprendido a organizar la información  a través de un entorno plagado de imágenes culturales.  Cuando este lector icónico, hipertextual e interactivo se ve luego confrontado con un texto escrito le resultan difíciles las estrategias propias del lector alfabetizado. Observando en las aulas el movimiento ocular de muchos niños y niñas  se perciben ya los síntomas de esta nueva situación.

Un lector hipertextual, por otro lado,  adiestrado por la televisión, el ordenador, la videoconsola y la publicidad no necesita instrucciones de ningún tipo para captar la información; en cambio,  para  leer e interpretar un texto escrito se precisa un largo y arduo entrenamiento, no digamos si se trata de un ensayo científico, filosófico, una novela densa, etc.

Por esto mismo, el lector hipertextual preferirá fragmentos mínimos de información, vehiculados a través de imágenes que hablan por sí solas y que no subrayan la conexión, la lógica y el sentido de las mismas; y preferirá esto,  antes que esforzarse en encontrar la lógica y el sentido de textos más o menos amplios y elaborados.

Del mismo modo, el lector hipertextual goza con la posibilidad de manipular e interactuar con la información que recibe (zapping, interactividad, etc).

Finalmente, el lector hipertextual  prefiere un tipo de comunicación oral que le permita ir de un tema de conversación a otro de forma deslabazada, tal como ocurre con los amiguetes tomando unas cañas o en una asamblea de cualquier aula abierta y tolerante, ajeno a la lógica argumentativa que supone  una comunicación sostenida, un debate dialécticamente elaborado, una exposición oral  bien construida, una conferencia, ...

¿Es todo esto un avance cualitativo? No, obviamente. Y de momento, los datos invitan al pesimismo.

La situación desde luego es delicada. A mi juicio, para que el lector hipertextual no acabe siendo el nuevo analfabeto funcional del siglo XXI - analfabetismo que podría estar afectando ya a un altísimo porcentaje de personas, incluyendo por supuesto titulados universitarios y  profesionales cualificados de todo tipo  - ha de estar equipado con estrategias que: 

        le eviten la dispersión, la confusión y, sobre todo,  la incapacidad para conceptualizar y abstraer, síntomas  éstos cada vez más alarmantes, abundantes  y llamativos en casi todos los ambientes culturales de nuestro país.

        fomenten su autonomía para  sistematizar y organizar los conocimientos y la información, más allá de los apoyos que  le brindan y facilitan los nuevos soportes (enciclopedias multimedia, internet, ...)

        le ayuden a percibir claramente  que su lectura hipertextual no sólo no está reñida con la lectura de textos extensos, sino que tal manera de leer la realidad  quedará  indefensa, empobrecida y  limitada sin el contrapeso de las  dos ventajas fundamentales presentes para siempre en todo buen libro, a saber: 

a) la ventaja de la ralentización de la información que le permitirá la aceleración de su pensamiento y el desarrollo de actitudes críticas y

b) la destilación y acrisolamiento de la cultura objetiva, ajena, en principio, a la manipulación  que tanto anhela el lector interactivo.

He escrito en todo buen libro, porque también creo sin ambages que un porcentaje muy alto de libros publicados son simplemente basura, por tanto, perfectamente desechables. Como si hubiera que tragarse buena parte de lo que actualmente se publica para no correr el riesgo de ser etiquetado de inculto y desfasado. Y esto lo  intuye con una sagacidad irónica y  malévola un lector hipertextual avezado - "paso de comerme el tarro", "déjate de tanto rollo" - afirmen lo que afirmen  las autoridades académicas más exquisitas, los críticos sutiles o la publicidad incesante de las empresas editoriales. 

Tengo la impresión a veces de que buena parte de los profesionales de la enseñanza estamos  en las nubes, desanimados   y bloqueados, con aulas atiborradas de lectores hipertextuales,  a su vez incomprendidos e indefensos y que provocarían la desolación y la impotencia del mismísimo Piaget. Por ejemplo, tras los llamados inadecuadamente insumisos del sistema educativo  se camuflan a mi entender solitarios lectores interactivos  que deambulan por  unas instituciones  que no acaban de entender lo que está ocurriendo.

Y en mi opinión, o estas instituciones reaccionan y toman la iniciativa urgentemente o  presenciaremos en poco tiempo un  gregarismo y una barbarie cultural sin precedentes. Los síntomas afectan ya a todos los sectores culturales y son  suficientemente reveladores.

El debate, por tanto,  no es si el libro desaparecerá - un bello libro jamás puede desaparecer -  o si primero fue la imagen o la palabra, el huevo o la gallina u otras cuestiones bizantinas de salón sostenidas entre la queja y el lamento por ilustrados torpes que  niegan  las nuevas evidencias. El debate  - sin duda, un correoso debate-   está en saber si las  instituciones educativas actuales van a continuar permaneciendo ancladas y fetichizadas por la cultura alfabetizada, incapaces de entender  las nuevas maneras de procesar la información que la revolución tecnológica plantea y defendiendo  numantinamente, sobre cualquier otra consideración, la primacía absoluta del texto escrito iniciada desde Gutenberg. 

Un dato inquietante o tranquilizador, según se mire: la industria editorial en nuestro país dedicará el año 2000  el 40 % de sus recursos a la edición de formatos multimedia. 

¿Qué pintan  en  este nuevo horizonte unas maneras de enseñar, procesar e interpretar la información fanatizadas con metodologías exclusivamente textuales? 

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El suplemento BABELIA (24 de febrero de 2001) del periódico digital EL PAÍS dedica un monográfico interesante a analizar esta cuestión desde otros puntos de vista.

Ver también en este site La tercera fase, ¿Estamos informados globalmente? y Anecdotario.                                         

                                                          

                                        © Copyright Bernardo Ceprián Nieto Derechos reservados 2000-2003

 

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